Una aproximación desde la Bioenergética de Lowen

El legado que nos ha dejado Alexander Lowen es inmenso, si atendemos al enfoque corporal como psicoterapia. Los fundamentos que describió en su Análisis Bioenergético o, como se conoce comúnmente, Bioenergética, siguen hoy vigentes como indicadores de un cuerpo sano, vital, enérgico y vivo. Nos podríamos quedar con un estudio profundo de la caractereología de los cuerpos o con unos ejercicios de expresión tremendamente útiles, pero la bioenergética es mucho más que todo esto.

Heredera directa de los estudios caractereológicos de Wilhelm Reich, la bioenergética es una terapia corporal desde la cual podemos alcanzar estados de profunda conexión con los traumas que habitan en nuestro cuerpo en forma de tensiones cronificadas. La “magia” de esta terapia radica en la sanación integradora de estos traumas mediante la aplicación de un ejercicio concreto o de un movimiento hacia la propia necesidad del cuerpo.

Queda claro que cada cuerpo es único, moldeado con el paso de los años, contenedor de un ser igualmente único. Lo que activa un resorte en un cuerpo no tiene por qué hacerlo en otro, aunque sea similar. Es por ello que la labor del analista bioenergético se fundamenta en el estudio corporal individualizado y resulta crucial para detectar las tensiones crónicas que bloquean el flujo natural de la energía.

La energía sexual

Cuando se habla de “energía” en esta terapia hacemos mención a la dinámica energética del cuerpo. El movimiento es energía, la acción es energía, y la máxima expresión es la energía sexual, un tema clave en la bioenergética y los estudios de Reich sobre las funciones del orgamo. Desde la bioenergética, la energía sexual es sinónimo de salud. Una persona saludable tiene una sexualidad plena y viceversa. Como parte de las necesidades básicas de los animales y, por tanto, de los humanos, encontramos el respirar, alimentarnos, expulsar los excrementos y reproducirnos.

Así pues, sabemos que nuestra función básica de reproducirnos es vital y, por tanto, necesitamos de la energía sexual y la excitación para llevarla a cabo. Aunque el propósito de reproducción no se cumpla, esta energía está presente en cada uno de nosotros. Darle un espacio, una salida sana y natural es un objetivo que concierne a cada cuerpo. Y cuando esta expresión natural de la energía sexual no se da, bien sea por los bloqueos limitantes adquiridos a lo largo de la vida o por el momento actual del individuo, aparecen trastornos tanto de tipo somáticos como psicológicos.

Podemos confundir el interés sexual de esta terapia por sus orígenes en Reich y Sigmund Freud, pero más allá de esta relación, la energía sexual también hace referencia a la cualidad de conexión con el placer, en palabras de Lowen: “el gozo de estar vivos”. Y este gozo es especialmente visible en la sexualidad de cada uno de nosotros, cómo la expresamos, con qué calidad y frecuencia.

Encontramos claras señales de una energía sexual plena en la oralidad, al saborear con gusto los alimentos; en el olfato, ampliando la percepción de los olores corporales; en el tacto, no sólo en las manos o los genitales o los pechos, sino en cada centímetro de piel, sensibilizada y perceptiva; en los movimientos orgásmicos, donde la pelvis vibra y expresa movimientos espontáneos, incontrolados...

Aprovechando las referencias al término “energía” quisiera anotar que no hablamos de las mismas energías con las que se trabaja en Reiki o Diksha. Otras personas me preguntan si tiene relación con los Chakras y, aunque se pueda aplicar desde los chakras, no tiene relación directa. Bioenergética es una psicoterapia corporal donde trabajamos con bloqueos tensionales en la musculatura que limitan la expresión del Ser.

La expresión

“Presión hacia afuera” es la etimología de expresar. Cuando expresamos nos manifestamos, nos comunicamos y damos salida a la necesidad del Ser para utilizar el entorno, estar desde una forma o mostrar el vasto universo interior. Cuando no podemos expresar, crece esta presión en el interior, la cual se puede alojar en un músculo, en una articulación, en un órgano o en nuestra mente.

El bloqueo o la dificultad de la expresión puede venir desde un condicionante externo (“no es un momento adecuado”) o desde una limitación interna (“no sé cómo decir esto”, “me da miedo que me pase algo si me muevo así”...). Estas limitaciones internas se ven reflejadas en la estructura corporal, en forma de hundimientos, de abultamientos, de “desenganches” o de rigideces soldadas.

Para Lowen, la expresión de lo que sucede en el interior es un proceso vital de la bioenergética. Sin expresión no hay manifestación del Ser, sólo hay autocensura, castración, bloqueos, limitaciones y parálisis, tanto corporal como emocional. ¿Has comprobado cuánto te cuesta decir “no” asertiva y claramente? ¿O abrir tu corazón al amor de forma incondicional sin protegerte? En un sentido u otro, todos sufrimos estas limitaciones en la expresión, un proceso que apaga la vitalidad, la identidad y la autenticidad.

Desde un trabajo bioenergético integrativo buscamos precisamente los senderos y caminos internos que nos llevan a liberar una limitación o una creencia instaurada, de tal forma que se abra paso a una expresión natural, espontánea, necesaria y saludable.

En el proceso del encuentro entre este camino y la limitación se encuentran emociones oprimidas, encapsuladas, atrapadas en nuestra musculatura. Y cuando la cápsula contenedora se rompe, la emoción es libre para hacer el camino, dirigirse hacia dentro o hacia afuera, expresándose por sí misma, aliviando la presión a la que estamos sometidos al reprimirlas. Al quebrar estas barreras, no sólo conseguimos ser más libres y vitales, también somos más felices, más auténticos y más conscientes de nuestro propio cuerpo.

La voluntad

Todo esto pasa por una fuerza imprescindible: la voluntad de querer sanar, evolucionar, trascender. Ante un proceso bioenergético, como en tantos otros donde la autoexpresión es eje principal (como en la Biodanza o en el Psicodrama), aparecen no ya las limitaciones físicas, musculares y articulares, si no las limitaciones mentales, en forma de prejuicios, vergüenza, rídiculo, oposición, rebeldía o pasividad.

En consulta, me he encontrado con casos como “¿Por qué tengo que decir no?”, “Es que me siento absurdo haciendo esto”, “No soy capaz de golpear” o “Me siento enfadado, pero no sé por qué”. Y en todos ellos se ponen de manifiesto los enormes obstáculos que nos ponemos por delante en primer lugar para salir de nuestra conducta habitual o de la zona de comfort; y en segundo lugar para evitar la autoexpresión.

Paradójicamente, lo que más anhelamos es poder manifestarnos, estar presentes y vivir plenamente, pero nos da pánico alcanzar esta claridad y esta salud. Lowen profundiza ampliamente sobre estos temas en su libro “Miedo a la vida” (Papel de Liar, 2009).

Por estos motivos la voluntad es tan imprescindible ya que, sin ella, se hace muy difícil traspasar las limiaciones mentales. Con la voluntad conseguimos ir paso a paso, dedicando el tiempo y la energía necesaria para alcanzar los anhelos de nuestra vida. Con la voluntad conseguimos lo inevitable: sentir que somos más que una mente, vivir más conscientemente y trascender a una experiencia vital que nos reporta alegría, realización, paz y expresión.

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