Los hemisferios del cerebro

En este nuevo artículo voy a tratar el tema de los hemisferios del cerebro (o hemisferios cerebrales) y sus diferencias. Antes, vamos a situarnos en el porqué tratar este asunto…

La mente juega un papel muy importante en nuestras vidas, en cómo las vivimos y cómo las percibimos. Nuestra mente procesa toda la información que recibimos desde el exterior a través de los sentidos, también procesa los mecanismos del cuerpo, gestiona el funcionamiento involuntario (automático) del cuerpo así como posibilita el funcionamiento voluntario, realiza millones de cálculos, retiene la información en forma de recuerdos, y un largo etcétera.

Además, la mente procura gestionar los momentos o épocas de tensión y estrés, los acontecimientos traumáticos o las situaciones de emergencia, con los mecanismos que tiene asignados.
La mente se sirve de los recuerdos para patronizar las situaciones e ir aplicando la situación más adecuada en cada momento, de forma que llega a crear una rutina ante cierto tipo de situación. Esta rutina o patrón repetida indefinidamente se va transformando en una reacción automática, algo que surge de forma espontánea, involuntaria y no controlada por la persona.

Es aquí donde nos detenemos para observar de dónde procede esta forma de actuar.

El cerebro de los opuestos

Sabemos que nuestro cerebro se compone de dos partes bien diferenciadas, dos hemisferios, cada uno de ellos compactos, cuyos tejidos contienen nuestras neuronas, y ambos separados, unidos por sencillas conexiones nerviosas que relacionan las tareas de un lado con las tareas del otro.
Cada hemisferio interpreta y procesa lo que sucede de formas muy distintas, lo que podríamos entender como dos cerebros diferentes, como si el ser humano tuviera dos en lugar de uno. Realmente, cada lado se encarga de tareas diferentes, gestiona recursos opuestos y se completan el uno al otro para dar una visión conjunta de lo que sucede tanto fuera como dentro.

Puede ocurrir que la persona tenga ambos hemisferios completa desarrollados, equilibrados y en total armonía, pero la realidad es que se tiende a trabajar más uno de ellos, es decir, interpretamos y vivimos la vida a través de uno de los hemisferios, dejando el otro en segundo lugar.

El hemisferio izquierdo

hemisferio izquierdo

Hemisferio izquierdo

Este lado se encarga de analizar la información, es la parte racional, intelectual, de nuestro cerebro. Busca y se encarga de lo práctico, como escribir o el habla. Racionaliza todo lo que ocurre, usando la medición, el tiempo o los números. Se encarga de establecer una conducta correcta y adaptable al medio social. Es el lado de las normas y las reglas, pues ese es su principal forma de estructurar la información. Es también el hemisferio de la seguridad, la comprensión lineal, la seriedad y la definición de todo.

El hemisferio izquierdo es el encargado de mantener nuestra actitud socialmente aceptable, para que seamos queridos por los demás, sometiendo cualquier idea, sensación o emoción a la razón, o censurándolas si hace falta. Aunque aparezca tristeza, rabia u otra emoción “fuera de tono”, el hemisferio izquierdo ahogará estas y cualquier emoción que perjudique a la integridad de la imagen que los demás tienen de la persona.
Y para procurar que en todo momento sea querido y aceptado por los demás, este lado hará de la persona un trabajador responsable, alguien eficaz, correcto y educado, entregado a lo que se espera de cada uno.

El hemisferio derecho

hemisferio derecho

Hemisferio derecho

Este lado se encarga del aspecto creativo de la persona. En él surgen la imaginación, los sueños y la intuición. Se sirve de la información global para, a partir de imágenes y simbología, procesar la información. Este hemisferio se encarga de las emociones, así como de las relaciones, pues procesa los rostros de los demás. Trabaja con el espacio, la subjetividad, las metáforas y un orden intemporal. El arte y la sensibilidad nacen aquí.

El hemisferio derecho es el encargado de favorecer las relaciones interpersonales y el vínculo de estas, a través de la espontaneidad y de permitir la expresión de la persona como tal, “me muestro tal como soy”. Las emociones son atendidas sin importar qué las ha provocado, sencillamente están ahí, y este lado es el que las muestra y las expresa, conectando con la vulnerabilidad que todos llevamos dentro.

En general, esta parte permite sacar al niño que vive en cada persona, que necesita expresarse, ser impulsivo e irracional, a pesar de que esta actitud no esté bien vista. También esta parte es la que transforma la vivencia en una montaña rusa, ya que conecta las situaciones y experiencias con el mundo emocional.

Integrar ambos hemisferios

Entonces, ¿con qué lado debemos quedarnos? Vemos que mientras el lado izquierdo analiza, el derecho sintetiza. Mientras que el izquierdo es racional, el derecho es emocional. La respuesta radica en el patrón o automatismo que vive afincado en nuestra mente y que nos ha condicionado durante toda la vida.
Obviamente, el ideal sería poder tener ambos hemisferios totalmente equilibrados y armonizados para que la seriedad de uno se contrarreste con la flexibilidad del otro, o el desbordamiento emocional de uno sea estructurado por la racionalización del otro.

Sin embargo, esto no suele ser así, y podemos observar cómo, en general, es el hemisferio izquierdo el que predomina en nuestra sociedad, donde el mundo adulto se ha convertido en trabajo, aceptación, corrección y el poder de la razón.

Teniendo esto presente, ya sólo queda concretizar que aquellas personas que tienen más desarrollado un hemisferio pueden procurar explorar y trabajar más con el opuesto, para así armonizarlos y crear un equilibrio sostenible entre ambos.

Si seguimos con la tendencia social de tener el hemisferio izquierdo más presente, entonces tenemos un deber pendiente con nuestro hemisferio derecho.


Publicación

10 de Agosto de 2015


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