Una pistola en cada mano (Cesc Gay, 2012)

Cesc Gay es uno de mis directores favoritos del cine español reciente. Películas como “Krampack”, “En la ciudad”, “V.O.S.” o , muy especialmente, “Ficción” son una muestra de su ingenio para escribir y dirigir a personas, no personajes, pues en cada obra muestra y refleja multitud de personas, tan reales como la vida misma, con los que podemos empatizar, conectar o identificarnos.

Su última película, de “westeriano” título, vuelve a presentarnos a una amplia variedad de personas, interpretadas espléndidamente por actores y actrices de renombre. Escribo sobre Una pistola en cada mano. Y recuerda ver antes la película, ya que trato su trama revelando información de la misma.

Historia

Una serie de encuentros formados por dos personas, a lo largo de un día en la ciudad de Barcelona. Cada encuentro es un capítulo en sí mismo. Hombres que se conocen y otros que no, un amigo con una amiga, y una amiga con un amigo. Y parejas que ya no lo son. Su belleza radica en unos diálogos realistas, ácidos y ridículos, valientes y frágiles. Se presenta como una comedia y, sí, te puedes reír, pero también es un drama. Y, como en la vida, hay momentos de comedia y momentos de drama.

Eduard Fernánfez + Leonardo Sbaraglia

Un encuentro fortuito e inesperado reúne a dos amigos que hace tiempo que no se ven. Una ocasión perfecta para abrir el corazón y mostrar la tristeza interior.

Eduard viene de vuelta, se toma la vida con resignación, pues le ha ido mal y volver a vivir con su madre a los 50 es una muestra de ello. Pero ¿quién tiene la culpa? Se puede asumir las responsabilidades de uno mismo, de su vida, pero Eduard prefiere acusar al otro, depositar la responsabilidad de sus fracasos como hombre en el exterior. Así, mientras los demás son culpables, él es una víctima. Suerte del alcohol, en bajas dosis, y del tabaco para refugiarse en una actitud pasiva y rendida ante la vida.

Leonardo ha pasado dos años infernales. Quizá por que la madurez le ha hecho percibir la realidad tal como es: con responsabilidades. Una mujer, dos hijos, trabajar con éxito… son muchas responsabilidades que, igual que Eduard, se pueden a) haber tomado consciente y asumirlas o b) haber tomado desde la inmediatez, la imposición o la inconsciencia. De ahí, quizá, que estos dos últimos años se ha encontrado de repente con la ansiedad y los ataques de pánico. En su situación, ha optado por acudir a un terapeuta donde dar salida a sus sentimientos y pensamientos.

Vemos aquí dos postura frente a un mismo tema: la responsabilidad. Y vemos aquí a un hombre, Leonardo, que puede mostrar sus emociones con libertad, independientemente de quién esté delante.

— Nadie nos avisó que iba a ser así.
— No, no te avisan…
— ¡Hijos de puta!
— No te dan ni un manual de instrucciones…

Javier Cámara + Clara Segura

Llevar al niño con su madre se convierte en una situación verdaderamente triste y humillante.

Javier es un padre que cumple con sus obligaciones. Ha tenido una aventura hace unos años, pero eso se acabó, y lleva tiempo añorando su vida anterior, en familia, como marido. Sueña con volver con Clara, pues él ya ha terminado su relación, está libre y se arrepiente de lo que hizo. Ahora sabe cuánto ha perdido por su elección. Como un niño pequeño, frágil y desvalido, se presenta ante Clara, una mujer en apariencia más madura. Y con la actitud de ese niño, cuenta sus fantasías, sus deseos, totalmente infantilizados. Desconectado de su realidad, pretende rehacer su vida pidiendo permiso a su mujer. Sin embargo, ella tiene otra respuesta inesperada para él: “no”. La fragilidad aumenta, sobreviene la vergüenza, el ridículo y, no menos importante, el sentimiento de humillación.

Clara es una mujer adaptada a las situaciones. Su ex, Javier, se fue con otra hace unos años. Quizá de siempre, o puede que a partir de entonces, a adquirido una fuerza que podría no tener antes. Sabe lo que quiere y ha descubierto lo que no quiere en su vida. Es libre para tomar sus propias elecciones y, al contrario que su ex, ha tomado varias recientemente. Puede tolerar la presencia de él en su casa, pero no por ello desaparecen resquicios de rencor y, por tanto, rabia contendida que deja salir en forma de comentarios punzantes, como pequeños latigazos. Ha rehecho su vida, posiblemente se siente más mujer ahora, con más poderío y a gusto con su feminidad. También aparecen sentimientos de lástima y compasión hacia Javier, al que mira desde la distancia de una elección equivocada.

En esta historia se refleja una verdad inevitable: las elecciones tienen consecuencias.

— Te los debía, ¿por qué no los vas a coger? […] — Después de ver cómo han terminado todos los divorcios, nosotros lo hicimos muy bien. Eso fue gracias a ti.
— Vale, pero eso no son doscientos euros, ¿eh? Si quieres, te mando la factura.

Ricardo Darín + Luís Tosar

No es fortuito, es un encuentro premeditado. Pasear al perro. ¡Qué gran excusa para hablar con ese hombre sentado en el banco!

Ricardo es un hombre comprensivo, atento y generoso. Comprende que su mujer pueda estar cansado o aburrida de un matrimonio de muchos años, pero él sigue queriéndola, simplemente no sabe cómo despertar ése mismo sentimiento en ella. Sospecha que ella pueda estar viéndose con alguien más. Mentir bien no es el mejor atributo de ella. Aún así, Ricardo no ha tomado represalias o ha huido. Sencillamente, sigue a su lado, confiando en que todo vuelva a ser como antes. Invitarla a almorzar se convierte en un duro y auténtico golpe, pues ella está con otro. Podrían aparecer celos, ira y hasta venganza, pero Ricardo comprende que su mujer necesite algo más. Es tan comprensivo que desde fuera podría no comprenderse su comportamiento, diferente a la mayoría, a la normalidad.

Luís se siente mal, se siente hasta culpable. No encuentra las palabras para expresar ese sentimiento, ni para decir la verdad. Sin embargo, sí intenta que Ricardo sea más valiente que él. Manipula la conversación, desde la culpa, depositando en Ricardo la fuerza que él no tiene, y esperando que Ricardo sí hable con su mujer, para que ella pueda explicarse y así Luís pueda sentirse más aliviado. Si Ricardo y su mujer hablan, Luís se sentirá con menos presión, con menos culpa y, por tanto, más aliviado. Pero el cazador es cazado de forma inesperada y ya no tiene escapatoria. Y aquí recupera su fuerza para poder mirar a la cara a Ricardo.

Una situación poco frecuente se da en este encuentro. Primero, aceptar las consecuencias por parte de Ricardo. Segundo, afrontar el miedo con valentía por parte de Luís.

— Si se entera de que la has estado espiando, se va a enfadar.
— Es que no lo va a saber. No ahora. […] Ahora, lo que yo tengo que hacer es aprender a perdonarla, intentar comprenderla. ¿No te parece que se merece un poco de respeto por mi parte después de tantos años juntos? ¿Por qué somos tan egoístas?

Eduardo Noriega + Candela Peña

La oficina se convierte en escenario de acoso y derribo. Mujer contra hombre. Venganza sutil contra infelicidad.

Eduardo está aburrido de su matrimonio, ya no es lo que era. Y lleva tiempo mirando a Candela, compañera de oficina. Más aún cuando ha oído los rumores sobre sus actividades sexuales. Novato y tímido por igual, quizá es el momento de intentarlo y buscar la emoción en otro lugar. Se atreve a hablarla, primero como si nada, luego con las intenciones más claras gracias a la percepción de Candela. Pronto sus fantasías se hacen realidad al quedar con ella en los baños, sin saber que está siendo objetivo de la venganza de ella. Su comportamiento pasado, burlón, ofensivo y humillante hacia ella le está pasando factura. Reconoce que ese comportamiento no estuvo bien, por más quilos de más que tuviera ella. Las palabras “lo siento” surgen de su boca, un sentir real, sin orgullo, sin sarcasmo.

Candela está acostumbrada a que se rían de ella. Es doloroso, pero ha construido unas buenas defensas alrededor suyo. También ha oído lo que dicen de ella y su sexualidad. Puede que este no le moleste tanto, pero prefiere mantener las distancias y, puede que algún día, les haga pagar con la misma moneda. Juega al gato y al ratón, demostrando su seguridad y confianza y una destreza del engaño para disfrutar de su propia venganza. Eduardo, su objetivo, no tiene nada que hacer. Ella lo seduce con sus armas: su mirada, su boca y las palabras que salen de ella, y un cuerpo en el que se siente a gusto. Sabe qué está haciendo, pero no parece sentirse mal por ello, pues el otro está pagando sólo un pequeño precio.

Es un momento muy importante para Eduardo, que afronta su inseguridad y también su comportamiento.

— No era mi intención ofenderte.
— Pues podrías disculparte.
— Lo siento. Lo siento si te he tratado mal estos años. No era muy consciente, o sí, lo cual es todavía peor, supongo.
— Peor.

Leonor Watling + Alberto San Juan

Recoger a un amigo en el coche es un momento idóneo para hablar.

Leonor ha superado muchas dificultades en su relación de pareja. Ha luchado por ello y, sin esperarlo, fue él quien inició el cambio hacia la conciencia. Ha descubierto que es posible tener otra relación, más sana, con la misma persona de siempre. Y ahora es más feliz y afortunada por ello. Se sorprende al comprobar que su chico es un desconocido realmente para su mejor amigo Alberto. No entiende cómo se relacionan ellos dos y, por extensión, los hombres. ¿De qué hablarán entre ellos? Ella sabe que su chico ha reconducido su frustración y que ahora maneja sus emociones de forma madura. Por eso, intenta que Alberto conozca un poco esa posibilidad, pero se encuentra con un muro infranqueable: el juicio.

Alberto se siente un poco inseguro de sí mismo. Habla titubeando, como para llenar un vacío interno. Ante la posibilidad de conocer algo nuevo, diferente y, probablemente, mejor, es presa del pánico, adopta una postura habitual en las situaciones que aparece el miedo: la negación y la burla. Lo hace sin darse cuenta, pero el miedo está bloqueando su capacidad de aprendizaje, su apertura a nuevas opciones. Se siente mejor con su inseguridad conocida que con algo que no conoce, y va a protegerlo con uñas y dientes. En el proceso, se da cuenta del vínculo que tiene con su amigo. O, mejor dicho, del no-vínculo. El nivel de confianza entre ellos desciende de lo que creía a lo que es realmente, viéndose ante un perfecto desconocido.

Frustración y transformación de la rabia en agresividad (como fuerza motora). Juicio como parálisis emocional en la zona de seguridad. Dos ejemplos de derivados de las grandes energías de la vida: el Amor y el miedo.

— Es un poco sorprendente. Aparte de que es uno de mis mejores amigos, y esto ahora lo cambia todo. O sea, ¿qué cara le voy a poner cuando le vea? ¿De qué voy a hablar con él?
— Por el libro, por la miel, por lo que sea, pero hubo un cambio. […] Nos ayudó mucho, de verdad, por que íbamos mal, íbamos muy mal.

Jordi Mollà + Cayetana Guillén Cuervo

Elegir una botella de vino puede ser un momento perfecto para descargar la frustración en un encuentro ocasional.

Jordi está cambiando de vida por que está aprendiendo a manejar sus emociones. Y, como Alberto, ante nuevas situaciones externas recurre al juicio como mecanismo de defensa. Él era un hombre más iracundo, molesto con su infancia y con su madre, así que recurrir a un libro de autoayuda le ha abierto las puertas a una nueva relación consigo mismo y su pasado. No alcanza a entender que su amigo Alberto tenga una disfunción eréctil, y menos aún que no lo halla contado nunca. Es un hombre de pocas palabras y, quizá sumado a su carácter rabioso anterior, pudiese provocar distanciamiento y separación en los que le rodeaban. Quizá Alberto no confiase del todo en él por que le tenía miedo.

Cayetana está muy enfadada con su chico. No sólo por que sufra una disfunción eréctil, también por todo lo que implica en la pareja. Ella intenta comprenderlo y ayudarlo, pero sólo si él se deja, que no es fácil. Ven en la amistad y la intimidad un medio para dejar salir preocupaciones y sentimientos atrapados, pensando así que quizá el problema se solucione. Por eso recurre a Jordi, eso sí, molesta y agresiva. No comprende de qué hablan los hombres entre ellos, ideas preconcebidas aparte. Esta cansada de sus comportamientos ridículos e infantiles, ella busca un hombre maduro emocionalmente. Y, aunque algo desencantada, cree que puede darse en su relación de pareja con Alberto.

Esta historia final nos habla de la infantilización de las conductas masculinas, de la inmadurez del hombre como persona, mental, emocional y corporalmente.

— ¿Por qué no nos llamasteis?
— Por que entonces la vida sería demasiado fácil, ¿no? […] Tomaos las cosas en serio, y dejad de hacer el ridículo.

Conclusión

Una pistola en cada mano

Una pistola en cada mano

La película finaliza con el encuentro de varias de las personas que han protagonizado los fragmentos anteriores. A modo de epílogo, cerrando las historias y lamiéndose las heridas.

Está claro que ellas salen airosas de la experiencia, mucho más maduras, seguras, confiadas. Este grupo de hombres poco tiene que hacer frente a tal poderío femenino. Sin embargo, es una historia de hombres, de sus carencias y del poderío masculino que fueron, pudieron ser o serán.

En hora y media podemos ver varios modelos de masculinidad, todo relacionados con el fracaso y la redención: el pasota, el sentido, el ridículo, el comprensivo, el culpable, el humillado, el miedoso o el ignorante. Todos ellos están en cada uno de nosotros (y nosotras). Podemos pasar por esos modelos en cualquier momento, otra cosa es cómo nos movamos en ellos: se pueden aceptar, se pueden rechazar o se pueden destruir. Al menos, intentarlo. Sentirnos más cómodos o más angustiados dependerá de las habilidades y los recursos personales que tengamos desarrollados. Si ninguno es “bueno” o “malo”, entonces estamos abriendo las posibilidades a aceptar ese momento de ser un ignorante, o el de ser culpable de algo, o de tener miedo…

 

Y tú, ¿con qué modelo te has sentido identificado?

Película editada en España por Cameo en DVD.

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